Veintiuno de Enero de Dos Mil Doce

Quisiera agregar las últimas notas que había escrito en Barcelona:

Navidad en Barcelona – Cuarta Parte -

El padre de Paula había dicho que estaba saturado de fútbol, que ahora todos estos capullos opinan y dicen saber sin haber tocado un balón en sus vidas. Tiene correspondencia con aquella idea budista de vivir la vida real y sensible a través del cuerpo y los órganos de percepción, y distinguir los pensamientos según las asociaciones corporales y no determinar como reales las meras abstracciones y construcciones de las redes neuronales. En última instancia esto significa que mientras más nos creemos nuestros pensamientos más abstracciones o construcciones mentales nos definirán, y es allí cuando nace el sufrimiento. Y de ahí mi aversión a las pantallas y a las supuestas realidades que nos creemos como si lo viéramos con nuestros propios ojos.

Sin embargo, estuve leyendo uno de los sermones del Buda Siddharta, el Sermón del Fuego o el Adittapariyaya Sutta, y decía que incluso las meras impresiones sensoriales están en llamas, y éstas producen sufrimiento.

···

Amanecer en Barcelona 01-01-2012

Tengo la impresión de que nos pasamos la vida despidiéndonos de casi todo siempre.
De los idiomas y los paisajes.
De los amores que nunca dejan de serlo.

¿De dónde provienen mis miedos?
Ayer observaba el oleaje desde la playa.
¿Cómo guiar el azar?

···

En una de las clases en el batallón en Debrecen, conversando sobre armas de fuego con mis estudiantes (la SA80 es británica y es muy mala, decían, fallaba a larga distancia, unos 200 metros, mientras que el ejército afgano usa AK47 que tiene disparo de más de 300 metros; el AK63 de producción húngara, la pistola Glock, austriaca, la mejor del mundo por su balance, sin culatazo y de plástico, usada por las fuerzas especiales húngaras y por cada policía en los Estados Unidos, la Magnum, la Desert Eagle .50 que inspiró un gesto de disparo lento y controlado con el posterior levantamiento del arma y de ambos brazos extendidos, luego del sonido seco y expansivo proveniente de Bali al imitar el disparo, Bali, el mejor estudiante de aquel grupo, cinco veces en Afganistán, un grado en filosofía y ocupado en inteligencia militar), y cuando me preguntaron si sabía disparar o si lo había hecho, les mencioné que mi padre había tenido una Browning cromada en su juventud, y esto produjo asombro y multitud de descripciones de sus bondades y características de parte de Bali y Zoltan… ambos quieren trabajar en espionaje.

Otro de mis estudiantes es uno de los mejores capitanes del batallón, ha estado varias veces fuera del país en campañas en el Medio Oriente, y durante una de las clases me estuvo explicando la campaña en Serbia, de cómo el ejército húngaro le enseñó a los ejércitos de los Estados Unidos, de Alemania, de Francia, cómo ejecutar un CRC (Crowd Riot Control o ejercicio antimotines) exitoso. Luego, en una conversación que tuvimos para practicar sus habilidad oral, le pregunté si le gustaba cazar, y me respondió que no le gustaban los rifles de caza ni tampoco matar animales, que prefería su arma militar y disparar al enemigo, matarlo.

Con respecto al Primer Ministro de Hungría, he estado preguntando a mis estudiantes y colegas sobre sus opiniones, de si los rumores son ciertos de que es un nuevo déspota. Algunos dicen que sí, los militares dicen que es un hombre nacionalista que pide que la Unión Europea acepte para Hungría algunas leyes que funcionan en Italia y Francia y otros países, otros dicen que se aparta de la UE e incluso de sus compañeros del partido, que sólo quiere poder. La única respuesta que me llamó la atención (nunca juzgo ni me preocupa, es más por tener las perspectivas claras) fue la que me dio la madre de mis vecinitas de Barbados, que estuvo la semana pasada junto con su esposo pasando vacaciones en el apartamento del frente, en casa de la abuela húngara. Nos habíamos encontrado Gabi y yo en las escaleras y debido a una calma que considero natural en mí y en mis entornos privados ellos pensaron que ya no vivía yo aquí, que me había cambiado de vivienda, y cuando me dijo que sus padres estaban arriba me pasé un rato a saludar, a conocerlos. El padre es un negro de unos cincuenta y dos años, según me dijo, cuando me contaba sobre su retiro del crucero donde trabajaba como manager del personal de servicio y que había comprado un barco pesquero para altamar y veinte cerdos. Dijo que para ser colombiano era inusual ser tranquilo y no andar de juerga a toda hora. Tiene esta agradable manera de los caribeños crudos, tranquilo, sin ambiciones intelectuales o espirituales, con todo el comando de la masculinidad y la voz grave, en encanto con las mujeres y su comunicación incluso cuando sabe que no le entienden (con su suegro, por ejemplo, cuando le dio complicadas instrucciones al viejo, que no habla una pizca de inglés), sólo por estar presente siempre. Según la madre, una rubia de ojos claros con la velocidad de expresión galopante de su hija menor, Gabi, un inglés estupendo, y sus ojos alegres y de pestañas largas y juguetonas, Barbados es una isla diminuta llena de hoteles donde lavan dólares. Ella es profesora de lenguas, y cuando le dije que su oficio de envenenar cerebros en las escuelas me parecía de lo más admirable, y que compartía su opinión de que el mundo camina siempre por un lado distinto al que los medios de comunicación y las habladurías de la gente dicen, supe que nos habíamos caído en gracia. Me ofreció ir a Barbados como profesor, y enviarme alguna buena información. Y con respecto al Primer Ministro de Hungría, me dijo, “Es otra marioneta de los Estados Unidos, de todos estos Iluminati”, y cuando escuché esta última palabra volví a sentir la necesidad de confrontarme porque he tenido lecturas muy reveladoras últimamente, y porque he comenzado a percibir el desgarramiento de los telones de la realidad aparente. The All is aflame!

Y durante la mañana del sábado, cuando abrí la ventana para recibir el primer fresco de la mañana observando el paisaje blanco y los árboles raquíticos, observé un carro aparcado pero encendido, con un hombre negro al frente, al viejo abuelo diciendo adiós hacia una ventana a mi izquierda, y cuando salía vi que me señalaban y que me decían adiós, también del asiento de atrás y un cabello rubio, y sonreí y agité mi mano, me despedí también de ellos. Buena suerte, pensé.

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